Estimados lectores, estrenamos este blog de debates con un tema poco usual pero de reciente trato entre el Trío Calavera (Ukey, Aloxi, Closto): los instintos y la razón. Intentaré que mis explicaciones sean lo más digeribles posibles sin renunciar a un estilo ligeramente barroco (sorry) e independiente. Con esto empezamos. Disfrutad del blog y no dudéis a la hora de comentar. Off we go.
Para entender mi punto de vista tendréis que dejar de lado vuestra condición de humanos puesto que eso posiblemente os impregne de cierta superioridad proveniente de vuestro lado racional. Os insto a que os alejéis de tópicos y prejuicios y os instaléis en un asiento más neutro frente al escenario que pronto os presentaré, así que imaginaos ahora como jueces imparciales que tienen que considerar una situación en parte inquietante.
Para empezar, he de recordaros que los hombres son animales, ergo tienen instintos (en realidad como todo ser vivo). ¿Qué quiere decir esto? Que somos racionales, sí, en tanto que somos capaces de usar la lógica, la razón, el cerebro; pero que a la vez somos irracionales (naturales) en tanto que somos animales, lo que conlleva a que a veces lleguemos a cometer actos ajo el peso de los instintos.
Esto nos lleva a preguntarnos qué actos son los racionales y cuáles son los irracionales. En este momento me centraré en explicar los irracionales, que a partir de ahora los llamaré “naturales” (lo natural es lo que se da en la naturaleza, sin importar el trato que las diferentes culturas o la razón dicten como bueno o malo). Los actos naturales, como acabo de decir, son los que vienen dados por nuestro lado más natural, más “salvaje”, si preferís. Si nos fijamos en la naturaleza, en el resto de los animales, vemos que se mueven por instintos, por impulsos natrales que nadie les explica que deben tener o sentir y que de forma natural, quien más, quien menos, desarrollan. Nosotros, en nuestra condición de animales, también tenemos esos instintos, aunque limitados o informados por la razón.
Para centrar el discurso sobre el tema que ayer más tratamos, hablaré de la aplicación de estos instintos a la relación entre sujetos, en vez de cómo se desarrollan en cada uno de los seres. Siguiendo este camino, podemos distinguir entre todos los instintos tres líneas generales: poder (supremacía, gobierno, dinero, posesión…), sexo (amor, relaciones interpersonales íntimas, sexo, excitación, provocación, acercamientos…) y supervivencia (vivir o morir, básicamente). Es por estas tres razones por que los animales generalmente se dejan gobernar, y por esto nos dejamos llevar nosotros a veces también. ¿Cuál es la discusión posible, diréis, si hasta aquí es todo fácil de comprender y no parece conllevar disputa alguna? Pues el problema llega cuando aplicamos la naturalidad de los actos en cosas tan naturales como la muerte, o, mejor dicho, la matanza. Queridos amigos, matar es tan natural como vivir. Quien no mata (ni daña), no vive, y eso es, literalmente, ley de vida. La teoría de la evolución de Darwin también lo dice, aunque de forma más implícita tal vez: sólo sobreviven los más fuertes (quien es capaz de adaptarse a su medio, sobrevive). Esto es fácilmente aplicable al hombre. Pensad que si los animales “matan naturalmente”, los humanos, al ser también animales, “matan naturalmente”. ¿Qué quiero decir con que es natural que el hombre mate? Quiero decir que en tanto que el hombre es animal, le viene de la naturaleza el matar. Pero maticemos: sólo es natural si ese asesinato está bajo uno o varios de los apartados arriba mencionados. Por lo tanto, podemos concluir que la persona que mata a su compañero sentimental por celos, mata de forma natural bajo la influencia del poder y el sexo. La persona que mata por matar o por placer comente un acto no natural puesto que el placer o la demencia no son razones que se den en un entorno natural común. El estado de un desquiciado debería pasar a la competencia de un psiquiatra que pudiese tratar de ayudarle a volver a un “estado natural” (“normal”, por así decirlo) o ingresarlo el tiempo necesario para que no interfiriese en el desarrollo de la vida natural.
Por otro lado está la razón, la que da las justificaciones para nuestras acciones, que va independiente de la naturalidad. La razón es lo que nos diferencia del resto de los animales, sin duda, pero diferentes no es, amigos, superiores. Somos diferentes porque tenemos a nuestra disposición un arma o una habilidad que otros no tienen. La razón lo que hace es dar otro punto de vista de las acciones, sopesando y moldeando nuestra personalidad para que cada uno piense a su forma las cosas dos veces antes de actuar. Esta parte nos hace reflexionar sobre la validez y la justificación de las acciones que emprendamos. Así, la persona que mata a su compañero sentimental por celos lleva a cabo un acto de asesinato natural y, generalmente, injustificable.
La razón es como una balanza que constantemente ha de sufrir la presión de los instintos. Normalmente este peso no es tan fuerte como para hacer que la parte irracional sea menos ligera que la racional, pero se dan casos en que sucede que los instintos son demasiado pesados para la razón. Un ejemplo sencillo es cuando una persona excita sexual y desmesuradamente a otro individuo (calientapollas, calientabraguetas o calientacoños) y éste último, movido por el deseo natural e irracional, se lanza con violencia (aunque no implique violencia siempre) o hace un esfuerzo titánico por no dejarse llevar (cosa que es digna de ser denominada “inhumana”).
En conclusión, no somos sólo Descartes sino que tenemos mitad Descartes y mitad Nietzsche. Tenemos una parte natural que es, por el mero hecho de serlo, comprensible hasta cierto punto, a la vez que tenemos nuestro lado más lógico, cuerdo y fiel a la ciencia exacta y a la Ley Vieja. Veremos qué dicen mis compañeros al respecto del tema, que seguramente darán pie a que me explaye más, puesto que en escrito estos temas pierden bastante, sobre todo cuando se trata de respondernos, interactuar y hablar entre nosotros.
Camaradas, tenéis el plato servido. Que os aproveche.
Aloxi dicit:
Estoy conforme en que los humanos al descender de los simios somos animales y por ello tenemos instintos animales. Pero el ser humano durante su desarrollo evolutivo fue desarrollando una capacidad llamada “razón”, es decir, que el hombre empezó a razonar y por ello somos animales racionales. Esto es una de las cosas que nos diferencia de los animales, según la visión filosófica.
Obviamente, hay veces que actuamos mediante el instinto, ya que por instinto hacemos movimientos involuntarios, somos curiosos, nos asustan las amenazas, nos irrita el desprecio, nos enternece el llanto, nos impulsa a hacer el amor…
Pero al ser animales racionales, utilizamos la razón para efectuar nuestros actos, ya que mediante ella sabemos de antemano las consecuencias posibles de nuestros actos y ella nos dirá el camino correcto para llegar a la consecuencia correcta.
Aunque hay que reconocer, que aunque seamos seres racionales, a veces, nuestros instintos son muchos más fuertes y en vez de guiarnos por la razon nos guiamos por el instinto. Pero, Andrei por instinto no matamos a seres humanos. Entiendo que matemos a animales por instinto, ya que, como tú dices, es ley de supervivencia y necesitamos matarlos para poder sobrevivir. ¿Pero que nos impulsa a matar a seres humanos: poder, sexo, supervivencia? No, amigo, no. Matar por sexo, poder y supervivencia (matar a otro ser humano por supervivencia) no es natural. Somos seres racionales y sabemos que matar a otro ser humano esta mal, porque así nos lo dice nuestra razón y aquella persona que mate por estas razones seguirá siendo asesino, aunque según tu opinión sea natural, porque asi se da en la naturaleza. Pero es que nosotros aunque seamos parte de la naturaleza, hace años que nos separamos y nos trasladamos a otro nivel -a veces bueno y a veces malo-. No te niego que no tengamos estos tres instintos, pero es nuestra razón quien los controla. Por ejemplo, yo seria incapaz de matar a una persona por sexo. Si esa persona no me lo da, habrá otra que me lo de, y por el hecho de que no me lo dé no la voy a matar, es obvio. Además, la muerte es un derecho de la naturaleza, yo no soy quien para ir matando, aunque sea por tus razones naturales. Mi razón me dice que no esta bien matar, que no soy quien, que no tengo ese derecho, que todo el mundo tiene derecho a vivir al igual que yo. Si alguien mata que se le castigue por ello metiéndole a cadena perpetua, pero jamas que se le mate; porque sino nos rebajaríamos a su nivel y nosotros nos convertiríamos también en asesinos.
En conclusión, es verdad que nos movemos a veces por instinto y que utilizamos la razón para dirigir ese movimiento. Pero aunque el instinto nos intente llevar a veces a matar, nuestra razón nos lo impedirá. Matar no es natural entre los seres vivos, quien mata es un peligro para la sociedad y no hay justificación alguna.
Ukey’s opinion:
Vaya temita. Creo que ya expuse bastante claramente lo que pensaba sobre el tema, pero bueno, aquí va lo que creo.
Para mí en ningún caso es justificable un asesinato. Ni instintos ni leches. Yo no soy un animal, soy un ser humano racional, con dos dedos de frente como para saber que quitarle la vida (por la razón que sea) a otra persona es un acto injustificable e imperdonable. Nadie tiene el derecho de cortarle la libertad a otra persona, nadie. Porque mi libertad no termina donde comienza la libertad del otro. Así no son las cosas. No se puede ir por la vida haciendo lo que uno quiera, eso sería un caos, un mundo imposible en el que vivir.
Un novio que mata a su novia y alega “la maté porque era mía”, ya sea por celos, posesión o locura transitoria, es un hijo de puta. Y la reacción lógica es querer matar al culpable de dicha acción, por supuesto. Si me matan a mi novia lo primero en lo que pienso es meterle un tiro entre ceja y ceja a quien me la ha robado. Pero lo que creo que no se puede hacer es rebajarse al nivel de esa persona. Porque vamos a ver. Convertirse en asesino, para mí, es dejar de ser persona. Matar a alguien es algo muy fuerte. Para mí, simplemente el hecho de imaginarme apuntando con una pistola a alguien me pone los pelos de punta. Por eso no concibo un asesinato como natural (esto no creo que venga dado por la naturaleza), ni justificable, ni normal ni nada que se le parezca.
Lo que nos distingue de los animales es algo muy simple: la razón. Los animales matan para sobrevivir, por poder y por sexo. Ésos son sus instintos, y actúan en base a ellos. Las personas también podemos matar por esos motivos: animales para comer o te mato yo antes para que tú no me mates a mí, en el primer caso; quiero conseguir esta o esa empresa o llegar a ser concejal, en el segundo caso; el hijoputa del novio, marido, novia o mujer, en el último; pero no hemos de olvidarnos de que no son nuestros instintos los que nos obligan a ello como a los animales. Cuando lo hacemos lo hacemos sabiendo lo que hacemos, por lo cual no responde a ningún estímulo que se acerque a necesidad de instinto (vale, me he liado, pero no sé explicarlo de otra manera).
El tema de la pena de muerte es otra cosa, y en el debate que se abra lo hablaré.
Por lo tanto, y para concluír pues no tengo mucho más que decir es que, para mí, el asesinato no es natural, justificable o lógico. El que mata no creo que esté en su sano juicio, por muy cuerdo que piense que esté o por mucho motivos que alegue a dicha acción.
Lo que habría que tener es menos instinto del que tanto aquí se habla y más luces. Porque si aceptamos que un asesinato pueda ser: bien visto, natural, justificable, o lo que quieras, estaremos entrando en un mundo muy peligroso donde todo valdría. Y eso no puede ser.